No era un año nuevo cualquiera para la dríada, se había interpuesto la necesidad por demostrarse todo lo poco o mucho que había logrado hacer durante un año. Los retos cumplidos, los sueños rotos, las promesas quebradas, el progreso en general, la superación; mejorías en el aspecto físico, profesional, pero sobre todo en el aspecto emocional.
Hace ya varios años que la dríada perdió a su confidente. Un ser con atributos poco comunes, que inspiraba confianza a todo aquel que entablaba una conversación con él. Era un ermitaño, que era todo lo que ella no era; callado, elocuente, analítico pero sobre todo alguien con quien podía hablar.
Al partir su consejero los problemas de la dríada se ahogaban en sí mismos y no tenían ventilación.
Ayuda mucho el rememorar las metas que se cumplen o no a lo largo del año, simplemente para apaciguar nuestros ánimos y al final hacer un recuento solo es necesario si te sientes inconforme.
La frustración llega en el momento cuando crees que no hiciste lo suficiente. ¿Cómo saber si lograste hacer todo lo que te propusiste hacer en el año? Las perspectivas sobre lo que queremos o nos gusta pueden cambiar con el tiempo, por tanto nuestros objetivos pueden llegar a variar. En contexto la moraleja de hoy es: No vivas rememorando todo lo que haz logrado hacer, tengas un elfo que te escuche o no, tu pasado es algo que a nadie le importa.
